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Posts Tagged ‘convergencia fuerte’


Pero aunque estén aquí, ahí o allí, dependiendo del observador, dime ¿crees que es posible que aparezca en un informe público el reconocimiento oficial de que existen? y sin llegar a los políticos o a los medios de comunicación, ¿crees que puedes sembrar la duda razonable en todos aquellos que no ponen en duda lo que aparece en las noticias?

Me he permitido la licencia de comenzar este post con una cita de uno de mis lectores. Y es que creo que define bastante bien la temática que quiero acometer.

Además obedece también, quizás incluso mejor, a otra alusión de otro lector:

El tema es que si para explicar este tema necesitamos obligatoriamente apoyarnos en algún tipo de teoría política que justifique la falta de pruebas científicas, hace falta también definir esa teoría política para tener la foto completa.

Hablaremos de política, de motivaciones, de desinformación, de aptitudes, de moral. Y además por los 2 lados: tanto desde el punto de vista de los terrestres, como desde el punto de vista de los extraterrestres, conjeturando sobre su comportamiento, que no olvidemos se ve complicado por la variedad de civilizaciones que deben estar visitándonos, y que nos explicará esa falta o escasez de pruebas.

Me basaré sobre todo y adicionalmente a mi propio criterio, en el informe Cometa (2005) que ya he mencionado:

http://www.exopoliticsspain.es/pdf/INFORME_COMETA.pdf

y, aunque brevemente, en el siguiente enlace:

http://singularidad.wordpress.com/2007/08/15/la-paradoja-de-fermi-y-el-futuro-de-la-humanidad/

Comenzaremos por las conjeturas sobre el comportamiento de una supuesta civilización extraterrestre que nos visite, y para ello usaremos de nuevo (ya lo he usado más de una vez a lo largo del blog) la argucia de ponernos en su lugar. Supongamos que dentro de mil años nosotros estamos viajando a planetas con vida inteligente.

En este supuesto, el modo científico y correcto de acometer el primer contacto, sería el siguiente.

Primero habría una fase de observación a distancia. No procede en ningún caso plantarnos allí, en un entorno totalmente ajeno, dentro de una civilización absolutamente desconocida y bajar y decir “¡hola que tal!” y cruzar los dedos para que seamos bien aceptados y nos dejen estudiarlos en paz y tranquilidad. De hecho, y aunque este improbable caso sucediera ya estaríamos formando parte del experimento, y por tanto no llegaríamos a conclusiones correctas sobre la civilización a estudiar.

Yo creo que esta idea a la que tanto acuden los escépticos  (mirar para más información: https://cheluman.wordpress.com/2009/06/16/argumento-numero-2-%c2%bfpor-que-no-saludan-si-vienen-por-aqui/ ) está más que superada y no acuden ya ni los guionistas de cine tipo Western, donde el más rápido, chulo y cachas es el que gana.

Tras un cierto periodo de observación a distancia que nos hiciera entender el marco general de la biología del planeta, las organizaciones sociales y políticas, los idiomas, el estado de su ciencia, las posibilidades de sus armamentos, …, cabría pensar en una segunda fase de contacto, donde se realizaran tomas de muestras, tanto animales y vegetales como de los seres más evolucionados, esto es, inteligentes.

Esta toma de muestras se podría realizar de forma furtiva y escondida o abiertamente. Cabe pensar, que dado que nuestra superior tecnología (superior a la civilización a estudiar y a la nuestra actual) podría facilitarnos un marco de actuación poco detectable, optaríamos por intentar efectuar el menor impacto en la población posible.

De esta forma protegería la seguridad de los nuestros, y la “pureza” de datos obtenidos, puesto que cuanto más influyamos en la civilización a investigar (y como pasa con cualquier experimentación) más nos alejaríamos de su verdadera naturaleza.

Hay quien plantea una tercera fase de contacto, en la que se llegaría a influir en al propia civilización, si bien habría que tener muy medidos los riesgos y muy claros los objetivos.

En esta supuesta tercera fase, podría pensarse en inicios de contacto a través de individuos puntuales o instituciones de gobierno, que con nuestra información privilegiada se convirtieran en autoproclamados “intérprete exclusivo y privilegiado de estas manifestaciones extraordinarias”. O en dejarse ver poco a poco para minimizar el impacto en la población de un contacto público total.

En cualquier caso, sería de esperar una impronta que dejase constancia en la memoria colectiva de estos impresionantes encuentros. Si este fuera el caso, y haciendo un ejercicio de retrospección como civilización, podríamos encontrar numerosos ejemplos en nuestra historia que concuerda con estas apreciaciones: “las maquinas voladoras que describe extensamente Ezequiel (1), la guerra aérea del Ramayana, la epopeya de Gilgamesh (2), los Elohim del Génesis (3) los vigilantes del cielo mezclándose con las hijas de los hombres y engendrando gigantes de los que también habla Enoch (4) y, más generalmente, los Inmortales, los Hijos o los Reyes del cielo del Oriente y la China (5), del Japón “Tierra de los Dioses” (6), los Viracochas de América del Sur, los Incas o los grandes dioses del Antiguo Egipto, los Dioses, los Titanes, los Gigantes, los procreados por Dios y los Héroes de la Antigüedad occidental y oriental (7) etc

Particularmente no me convence totalmente esta tercera fase. Tendría que existir un motivo muy claro para entrar en una fase de contacto que a la larga tiene muchas posibilidades de fracasar, ya sea porque los indígenas anelen nuestra superior tecnología, nos conciban como un riesgo a su autogobierno, nos requieran para solventar conflictos locales (teniendo que decidir entre nuestro principio de no-intervención o el riesgo de considerarnos no-amigos),  la variabilidad de criterio de nuestra propia tripulación frente a situaciones concretas de contacto directo, y en definitiva una gran amalgama de etcéteras que podrían darse como resultado de este tipo de situación. Sin embargo no puedo descartarla totalmente, puesto que la variedad de situaciones que pueden darse son inconmensurables.

Quizás esta política de no-intervención le parezca al incrédulo lector una exagerada medida, pero a mí, sin embargo, lo que me pueden parecer exagerados son los protocolos internacionales que desde 1967 (Outer Space Treaty) intentan prevenir la contaminación de otros mundos por microorganismos terrestres. Si en 1967 se tenían en cuenta esas cosas, el día de mañana (1.000 años antes, 1.000 años después) que podremos visitar mundos habitados, no lo quiero ni pensar.

Y llegado este punto, debemos mencionar la hipótesis de la “convergencia fuerte”, aunque en términos algo distintos de cómo lo usa George Dvorsky. Aunque comparta con él muchos de sus razonamientos, como la no idoneidad de las sondas autoreplicantes para la exploración espacial, difiero en la meta última. No creo (o quizás no deseo) que el colofón de toda civilización inteligente sea la migración digital.

Recordemos que esta hipótesis de la convergencia fuerte de Nick Bostrom se basa en que, al igual que en la evolución biológica, como señala la teoría de la evolución de Darwin, en la evolución de las civilizaciones los condicionantes y restricciones sobre su desarrollo llevarían a éstas a una especie de atractor, a modo de sumidero de la evolución, donde convergerían todas las civilizaciones avanzadas. Este sumidero representaría el óptimo como civilización, lo cual me recuerda mucho el mundo de las ideas de Platón.

Voy a ir más despacio. Trataré de explicar esta idea que tiene distintas aristas.

Parece lógico pensar que los seres vivos más parecidos entre 2 planetas distintos han de ser los más simples por un lado, y los más evolucionados por el otro. La evolución tratará de ir desarrollando los organismos más optimizados para la supervivencia posibles, adaptados, por supuesto, a las condiciones del entorno.

En el caso del planeta Tierra, la especie más evolucionada somos los humanos.

La inteligencia, la sociabilidad y la existencia de extremidades con capacidades de manipulación forman parte importante en ese modelo óptimo que nos permite subsistir en ambientes muy dispares, y superar eventuales catástrofes. Es de suponer que en planetas cuyas condiciones lo permitan, surjan tarde o temprano especies con estas mismas (y al parecer óptimas) características.

Puedo imaginar que existan varios “modelos base óptimos”, y no sólo uno, sobre los cuales existirían una gran variedad de razas con sus diferencias de adaptación al entorno madre y por los propios caprichos de la evolución, a la que hay que darle cierto margen de maniobra.

Pero la idea de la “convergencia fuerte” se puede aplicar más allá de la propia definición biológica de la raza. Mi propuesta, y aquí me alejo un poco de la naturaleza inicial de la hipótesis, es que toda civilización tecnológicamente avanzada habrá desarrollado esquemas morales comunes.

En este caso, por supuesto, también podríamos llegar a tener varios “modelos base”, pero me atrevería a aventurar las siguientes afirmaciones:

–         Habrán superado la guerra, que no es más que un escollo ante el desarrollo de la propia civilización, y por ende, de su ansiada “inmortalidad”

–         Habrán postergado el egoísmo individual, el cual es necesario para los inicios de la inteligencia, pero supone un obstáculo cuando se alcanza cierto nivel.

–         Habrán concluido en una política de “no-intervención” ante otras civilizaciones, tanto ante fines interesados (a fin de cuentas darse a conocer sólo complica el desarrollo de sus propósitos), como ante fines altruistas, puesto que (y visto en una perspectiva histórica), ayudar a subsistir a una civilización decadente puede evitar el nacimiento de otra civilización posterior.

Como podrá comprobar el asiduo lector, insisto una y otra vez en esta última idea de “no-intervención”, puesto que por sí sola desmonta toda la lógica existente tras la Paradoja de Fermi.

No podemos esperar tener contacto directo con una civilización tecnológicamente muy superior a la nuestra. Las pruebas científicas serán mínimas, por no decir, casi inexistentes, y provendrían de “errores” en el más amplio sentido de la palabra.

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